sábado, 26 de febrero de 2011

Gorilas en la niebla

El Jueves me tocó viajar para una reunión que tenía el Viernes a primera hora. Un pequeño pueblo a las afueras de Paris, coqueto, pequeño, y con un hotel en las afueras. A 1km del pueblo, todo ok.
Se complicó el viaje porque salío con retraso, llegó con retraso, y me tocó tragar el atascazo de Paris en hora punta. Un infierno, así que llegué al hotel a las 20:30, y pregunté en recepción a ver si había algún recorrido por allí cerca, algún parque, o algún circuito...
Me contestó que sin problema, que podía ir en dirección al pueblo, y seguir 4 o 5 km. Así que me cambié y despues de hablar con Gotzon y la peke, salí a eso de las 20:50, de noche, claro.
Al salir, iba tranquila, pensando que "que zona tan bonita y tranquila", la carretera a mi derecha, separada del camino por una valla de madera, y unos arboles. Luego el "bidegorri" por el que iba corriendo, sola como un cárabo, pero prefectamente iluminado. A mi izquierda, campas y campas. Algún bosquecillo, y todo con una ligera pendiente de bajada.
Sin novedades llegúe hasta el pueblo, y lo crucé. Ya sabía que la vuelta iba a ser cuesta arriba y me iba costar, así que poco a poco y con ánimo.
Al salir del pueblo, se puso en paralelo a mi un Opel Corsa azul oscuro. Aceleró y dio la vuelta en la siguiente rotonda. Volvió a dar la vuelta y se volvió a poner en paralelo a mi.
Yo llevaba la música puesta, y no tenía ninguna intención de pararme, la verdad. Y entonces llegó el miedo.
Miedo a que no había ni Dios por el camino, a que iba subiendo y no podía salir por patas a ritmo de sprint.
Y el coche volvíó a dar otra vuelta, y volvío a ponerse en paralelo a mi, y paró unos 200m delante de mí.
Del fondo de mi cabeza solo salían las frases que nos dijeron cuando estaba en la Uni y violaron a una chica: Que llevásemos las llaves entre los nudillos del puño derecho, y que solo tendríamos una oportunidad, por lo que habría que usarlo bien. El mensaje era claro: Patada en los cojones y puñetazo en la garganta.
El único problema era que yo no tenía mi llavero.
Mierda, mierda, mi llavero. Mierda. Patada y puñetazo, patada puñetazo, patada y puñetazo.
Me iba acercando a la altura del coche, bastante nerviosa.
Y ocurrió el milagro.
Llegó un Renault Megane gris y se puso a pitar al coche parado. El que estaba dentro del coche le hizo señas para que pasara, y el del Megane paró detrás y no le quiso pasar, sino que se quedó datrás y pitándole.
Yo les pasé mientras tanto.
Y el Opel azul se piró.
Quiero que beatifiquen a las personas que iban en aquel Megane gris, por favor!!
El Opel se largó, el Renault también, y yo literalmente acongojada tiré para arriba con las fuerzas que me quedaban.
Al llegar al Hotel, dí una vuelta por el parking para comprobar que no reconocía ese coche, me metí en la habitación, y entonces, me dí cuenta de lo asustada que estaba.
Llamé a Gotzon, supernerviosa, y me costó bastante calmarme.
El mismo paisaje que al ir me parecía bucólico y tranquilo, se había convertido en un trayecto peligroso.
Seguro que el imbecil del coche azul solo quería reirse de mí, o darme un susto, no quiero ni pensar en algo más, pero me entró miedo, mucho miedo.
Miedo, cinco letras que me han gando en dos días: El Jueves por el susto, y ayer Viernes, no me atreví a ir de noche por los recorridos de todos los días.
Miedo 2-Ana 0
Hoy, mientras corría al mediodía, bajo la lluvia, pensaba cúal sería mi reacción en caso de un ataque, y siempre he oido que no debemos establacer contacto visual en caso de ataque, como los gorilas, los atacantes se lo toman como señal de ataque.

No me veo a mi edad y con mi caracter haciendo de "desvalida ovejita", no me veo. Me veo mordiendo, arañando, y pegando. Llevandome puesto su ADN entre las uñas y entre los dientes. No implorando perdón, y si en sus ojos hay ataque, en los míos, aun aterrorizados, habrá ataque. Pero Dios mio, no me pongas a prueba nunca, por favor. No quiero saber cómo reaccionar en ese caso, nunca.
Me da rabia tener que analizar un recorrido "desde una perspectiva de género", mientras ellos no lo hacen. No tiene la misma importancia una farola fundida para ellos o para nosotras, no es lo mismo ir sola que solo, no puedo, ni debo correr por los mismos sitios.
Teórica igualdad, terca realidad diferenciadora.

Muxus

Mooky

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