domingo, 5 de junio de 2011

Poco a poco

Efectivamente, no he conseguido levantarme pronto ni Jueves ni Viernes, así que ayer, ya no quedaban disculpas.
Efectivamente, un poquito antes de las nueve de la mañana salí, con la música a tope, con buenas sensaciones, y otra vez a levantar los pies del suelo.
Hip, hop, hip, hop, poco a poco, los pies van recuperando el movimiento. Hip, hop, los brazos van oscilando, poco a poco, la respiración va cambiando, y ...¡estoy corriendo!, !bien¡ por fin¡¡
Ahora ya no es una escapada mientras estaba lesionada, ni un entreno con dolores, repasando todo lo que había leido sobre lo estoica que son las personas que corren.
Esto que se mueve por la calle, soy yo!!
Me sentía flotar, porque el Viernes me lo había pasado genial, super bien, aunque llegué tarde a casa, y me costó bastante dormir.
Iba tan florando que al legar a la zona de Zubipunte, como nunca hay nadie por allí, iba saltando como una cría a tocar las ramas de los árboles junto al río.
Este salto, por la niña que llevo dentro, que va feliz como una mona.
Este salto, por la salvaje que llevo dentro, que es feliz corriendo
Este otro, por la sana que llevo dentro, para llevar una vida equilibrada
Y este, con patada incorporada, por los capítulos de Chuck Norris que me he tragado, kontxo!!
Al meterme en el parque, las energías iniciales, iban dejando paso a las sensaciones más reales, y, ya metida en Jauregibarria me dí cuenta de que eso que me pesaba tanto por detrás, es mi culo.
Y ese sube y baja, son mi contribución personal al terremoto de 25.000 delanteras bailando por París. Las pobres ya no se acordaban de cómo se lleva el ritmo, y les costó hacerse de nuevo al movimiento.
A la altura del km 4, mi vieja conocida la respiración, empezaba a abrirse paso entre el ritmo de las canciones, y al llegar al km 5 me alegré solo yo sé cuanto, de que el recorrido se hubiera acabado.
Eso sí, la sonrisa, clavada en el rostro, me duró casi todo el día (solo falló cuando mis pies pidieron piedad por ir subida a torres de 6 o 7 cm, pero ya era por la tarde).
Me sentí bien, muy bien, me apetecía, lo echaba de menos. Me gusto más cuando corro, cuando suelto adrenalina mientras voy por ahí.
Cuando pasaba por el puente de la iglesia, me acordaba de Andrés Espinosa, el montañero de Zornotza, al que está dedicado el parque Jauregibarria. Él consiguió perseguir su sueño, en su caso ir al monte durante muchos años, perseguido por una sociedad que ni le entendía, ni le apoyaba.
Pero su deseo era tan fuerte que lo consiguió. Subió a montes que sus compañeros solo sabían ubicar en el mapa, con los medios que había entonces, nada de material técnico, nada de esponsores, nada de apoyos oficiales.
Apelé a su protección para que los dolores se mantuvieran alejados de mí. Se lo pedí por favor.
Por favor, por favor, déjame que pueda salir a correr mis ratitos, para que me sienta fuerte de pelear con todo lo demás. Prometo oler la primavera, los brotes, la brisa, la lluvia, el calor, el frío, el viento, y acordarme de tí cada vez que pase bajo tu cartel.
Déjame disfrutar mi ratito de todos los días, y te seguiré contando cuando pase por aquí, que vivo en el paraiso. Te lo contaré todo, para que lo vivas como yo.

Muxus

Mooky

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